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Musiquita Ayvasera!

22 Jun

Hola muy buenas!

Pues he decidido poneros una playlist que estoy actualizando de vez en cuando con canciones chulas que me van molando a medida que las oigo.

¿El estilo? Indie pop fundamentalmente. Habrá algo más electrónico o más rokero suelto por ahí. El tono es, fundamentalmente, alegre, animado, veranito!!!! ^o^!!!

Es un enlace de Spotify btw 🙂

Ay vás

Enjoy ;D

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Los Cambiados – 30

6 Jun

Y meses después, volví. No he estado especialmente inactiva, he de decir, pero es cierto que no he actualizado nada de nada. Y no está bien. Así pues aquí va el capítulo 30.

🙂

**************

La realidad es que cada vez que pensaba en ello no podía evitar la asociación de ideas con el mundo del cómic, concretamente de Marvel, específicamente de los X-Men. El mundo iba derechito a algo parecido al universo dibujado por Stan Lee en el que la gente con poder, la gente cambiada, los… mutantes, entrarían antes o después en conflicto con la gente normal precisamente por esos poderes que, ni habían pedido, ni eran culpables de tener.

Cierto era que la situación era diferente. Al menos la que yo vivía. Los cambiados tendían a querer disolverse en la multitud. La actitud hermética, la incapacidad casi total de hablar del tema, el silenciamiento al que se sometían ellos mismos, era radicalmente diferente a lo que se destilaba del cómic. Los cambiados querían desaparecer como tales. No querían dejar de ser personas normales y, hasta ahora, lo habían conseguido. La habilidad común de mantener la apariencia humana a pesar del cambio había facilitado el ocultamiento, pero a medida que el chorreo de energía inoculara más y más poder en esta dimensión, lo más seguro fuera que ese velo de normalidad humana desapareciera para algunos cambiados, si no para todos.

¿Se verían entonces obligados a hablar de ello? ¿Se empezarían a organizar en asociaciones? ¿O llegaría el censo antes? En realidad yo esperaba que el censo se retrasara todo lo posible. Hacer algo así sería como coserle la estrella de David en la ropa a toda esa gente, se le notara el cambio o no. Podíamos darnos por jodidos. Muchos perderían su trabajo y se convertirían en descastados, marginados, no porque la ley dijera nada al respecto, sino porque los normales ya habían actuado así cuando la identidad de un cambiado se descubría. Si empezaba a suceder en masa ya no habría excusa para no unirse en algún tipo de grupo de presión social.

En resumen, aquello tendía al mismo fin Marveliano antes o después si el ritmo de acontecimientos se mantenía como hasta ahora.

Suspiré mirando el reloj. Eran las cuatro y pico. Esperaba a Azu en el bar de Hipólito. Aquella tarde tenía bastante gente en el bar y el hombre no me estaba haciendo demasiado caso. La verdad es que no me importaba. No había podido empezar a pensar con claridad hasta que no había salido de casa, y aquella cervecita al fondo de la barra, en soledad y con el murmullo animado del bar de fondo, estaba haciendo milagros con mi capacidad de raciocinio. Entonces noté que me tocaban el hombro. Azu apareció por detrás de mí con las mejillas sonrojadas del frío de la calle, envuelta en una bufanda que podría haber cubierto la Plaza de las Ventas y los ojitos verdes brillantes. Sonreía.

-¿Lo has conseguido?- pregunté impresionado. Ella hizo un gesto de suficiencia, como si la duda ofendiera. Solté una leve carcajada.- ¿Cómo lo has hecho?

Se abrió el abrigo y vi que llevaba una minifalda que podría haber pasado por cinturón y un jersey con escote de pico más que sugerente. Alcé una ceja y una meda sonrisa a pareció en mis labios.

-Hey, – protestó ella por el gesto.- ha funcionado, ¿vale?

-No lo dudo.- dije conteniendo la risa. La mire de nuevo de pronto preocupado.- ¿No te meterás en un lío por esto?

-No te preocupes.- dijo ella encogiéndose de hombros.- Si hace falta le prometeré una cita con cena y final feliz.

-¿No crees que eso es un poco excesivo, Matahari?- dije frunciendo el ceño.

-Es eso o la cárcel, Dani.- dijo ella en un susurro.- Y lo que vamos a hacer es bastante de cárcel. Sin Fabián estamos jodidos. Mucho.

Respiré hondo.

-¿Y no hay otro sitio en todo el mundo?

-Sir Legolas te dijo que buscaras un lugar de poder, ¿no?- insistió ella.- Yo noto ese poder, Dani y no late con más fuerza en ningún otro lugar de la ciudad.

-Es el puto Banco de España, Azu.- dije con la voz tensa mirando alrededor por si alguien me había oído y tratando de mantener el volumen en un leve murmullo.

-Es la confluencia de dos ríos subterráneos.- dijo ella.- En general son… bueno, lugares con encanto especial. El hecho de que lo rodeen los cuatro elementos no es casualidad, y para colmo, en el centro, la fuente de Cibeles, la puñetera diosa Gea, la Madre Tierra. Si crees que esa plaza es fruto de un decorador inspirado estás muy equivocado.

La miré escéptico.

-¿No te estás volviendo un pelín new age a estas alturas?

-¿Y se supone que tú Ves cosas que no se ven?- preguntó ella ligeramente ofendida.- Cuando lleguemos abre bien esos ojos tuyos y ya me contarás. Cada vez que paso por allí se me ponen los pelos de punta.

Me encogí de hombros y no discutí más. Viviendo relativamente cerca, la verdad es que apenas pasaba por Cibeles en mi vida diaria, así que no me había percatado. Más aún, yendo con los Ojos cerrados por norma desde hacía tanto tiempo, literalmente, no veía lo que no quería ver. Durante un momento compadecí a Azu, que no podía desconectar sus sentidos de esa manera.

-Vale, bueno, ¿vamos yendo?- sugerí.

Ella sacó el móvil y miró la hora. Negó con la cabeza y lo volvió a guardar.

-Hasta las 9 nada.

-Ah, no puedo estar así, sin hacer nada.- gemí.- Estamos perdiendo el tiempo.

-¿Has sabido algo de Laura?

Fruncí el ceño.

-No.- dije.- Sé que la reunión con sus jefes empezaba a mediodía, pero no sé más. No sé si han terminado, si no… Ni idea.

-¿Crees que retrasarán el censo?

-Laura, a pesar de todo, no es tonta.- dije. Azu ahogó una carcajada.- Sabe lo que supondría algo así. Y sus jefes, a pesar de todo, tampoco son idiotas. Otra cosa es lo que piense el político subnormal de turno.

-Espero que Laura les convenza…- comentó la chica.

Mi móvil empezó a vibrar en mi bolsillo. Era Laura. Se lo enseñé a Azu antes de descolgar y torció el gesto.

-Dime.

-Vente a la Central.- dijo la voz de Laura.- Dicen que quieren oír la opinión del “experto” contratado para este trabajo.

Noté las comillas como pellizcos en el brazo, pero aun así me llegó la tensión de Laura a través de su monotonía habitual.

-De acuerdo.- miré mi reloj. Hasta las nueve tenía tiempo de sobra.- Estoy de camino.

Puse el dinero en la barra y le hice una señal al ocupadísimo Hipólito que con un guiño de aquiescencia me dejó abandonar su local sin mayor ceremonia. Azu me seguía en silencio.

-Hum… Dani…

-Sí, puedes venir conmigo.- la miré, de nuevo enfundada en su kilométrica bufanda. Parecía un perrito abandonado. Ella sonrió.- Iremos en la moto.

-¡Válgame el cielo, sí que te lo tomas en serio!

-¿Qué se supone que significa eso?

-Tu moto, Dani. LA moto. La que no sacas del garaje así te maten porque, por dios, no se vaya a gastar o algo.

-Para ir al trabajo es mucho más cómodo el autobús, me deja en la puerta, es más barato y no tengo que aparcar.- me justifiqué.- Y además, con la de locos que hay… ¿tú sabes lo golosa que es esa moto? No es una scooter o una moto mierda cualquiera, bonita, es…

-Una moto, Dani.

-Es una leyenda, Azu. Esa moto provoca alertas de tsunamis cuando la pongo en marcha.

-Y sus ruedas de fuego queman el asfalto, ¿no?- dijo Azu medio riendo.- Es una moto. Molona, cierto, pero una moto. No sé por qué te pones tan tonto con ella.

Alcé una ceja divertido.

-¿Celosa?

-¿Y si te dijera que sí?

Reí, no pude evitarlo. Llegamos al garaje en unos minutos. Lo bueno de vivir en el centro es que todo queda cerca, otra razón para no sacar la pedazo de máquina que guardaba bajo tierra. Cuando llegamos a mi plaza me puse a quitar la funda que la protegía del polvo y de las miradas lascivas y, cuidadosamente, la examiné por si tenía algún desperfecto que…

-Es a eso a lo que me refería cuando decía que te ponías tonto.- dijo la voz de Azu detrás de mí. Ella, con los brazos cruzados sobre su pecho me miraba con cierta exasperación divertida.- ¿Crees que podemos irnos, no sé, hoy, o necesitas tomarle la temperatura y darle el bibe?

La ignoré mientras desmontaba el caballete, me subía y le quitaba la patilla. Sin mayor preámbulo metí la llave y encendí el motor. Ah, señoras y señores, aquello era como dar vida a 30 leones juntos que ronroneaban de puro placer. El suelo casi temblaba por la fuerza del ralentí y notaba cómo poco a poco se calentaba la máquina que había estado durmiendo en el frío del garaje durante… ¿dos meses? Ah, sí, la había echado de menos. Cogí el casco y me lo puse. Miré hacia atrás.

-¿Te vas a quedar ahí o vienes?

Azu sonrió emocionada como una cría. Cogió el otro casco, se lo calzó y saltó al asiendo cogiéndose de mi cintura. Salimos de allí.

Mi Yamaha VMAX 1200 había sido el capricho más espectacular que me había dado a mí mismo en toda mi vida. La había comprado hacía ya unos 5 años invirtiendo la totalidad de mis ahorros más un pequeño préstamo que terminaría de pagar el año que viene. Sí, era lo suficientemente valiosa como no sacarla mucho. La trataba como oro en paño y gastaba lo suficiente en gasolina como para usarla con tiento. Los precios de carburante estaban como para tenerles respeto.

En cualquier caso aquella tarde se planteaba movida. Era más que probable que necesitáramos un medio de transporte rápido y propio esperando en la puerta, así que había llegado la hora de sacar a la Yamaha del armario.

Cuando desembocamos en la Gran Vía recordé lo que me dijo un amigo de Salamanca cuando vino a vivir a la capital. Los madrileños no conducíamos, corríamos carreras de Fórmula 1 en cada semáforo. Adelantamientos, reveses, virajes repentinos, rapidez de decisión y poca paciencia. En las calles de Madrid se penaliza al torpe y al miedoso. No hay lugar para el espíritu tranquilo. O estás al loro o te llevan por delante. Y en moto más. No porque no se nos viera, sino porque como abultamos menos no da tanto miedo chocarse con nosotros. Hay locos por todas partes, lo admito, y flipados que juegan a sortear coches como si le estuviera persiguiendo la policía de Los Ángeles en una de esas persecuciones televisadas americanas.

Aparqué en la puerta de la comisaría de Rafael Calvo. Allí se levantaba el edificio de la Comisaría del barrio de Chamberí, a la que Laura estaba adscrita. A esas horas de la tarde no había demasiada gente así que no tardaron en atendernos. En cuanto dije mi nombre el agente de recepción se puso tenso y cogió el teléfono anunciando nuestra llegada.

Un par de minutos después Laura apareció por una puerta. Parecía preocupada. Desde allí nos hizo una señal para que la siguiéramos.

-No creo recordar haberte dicho que podías traerte mascotas.- señaló refiriéndose a Azucena. La chica se envaró a mi lado, pero no dijo nada.

-Ni yo que me lo prohibieras.- dije muy serio.- Ponme al día.

-Les he contado todo lo referente a las causas que barajamos para explicar los cambios repentinos, lo de los portales, lo de la canalización de energía, etc.

-¿Les has hablado del Paragón?

-No.- dijo ella.- Eso implicaría explicar la implicación de esta chica y la del tipo que hizo todo aquello en el Parque. Ya ha sido lo suficientemente raro hablarles de planos paralelos como para hablarle de tíos misteriosos que desaparecen y chicas dragón que perciben energías.

Torcí el morro y miré a Azu que escuchaba con cierto brillo de comprensión en los ojos. Ciertamente aquella explicación tenía que haber sonado a chino mandarín entre aquellas paredes, aunque fuera la pura verdad. Asentí.

-Vale, ¿qué quieres que haga?

-Responde sus preguntas, simplemente.- respondió Laura.- Tú eres el que ve cosas. Seguro que sabes explicarlas mejor que yo.

Me quedé mirando a Laura perplejo durante un momento. ¿Eso había sido un cumplido?

-Ah, – dijo Laura cuando llegamos a la puerta.- y entra solo.

Me empujó ligeramente hacia la puerta y sin más, se llevó a Azu y desapareció. Respiré hondo y llamé dos veces antes de girar el picaporte y entrar.

La sala daba todo el mal rollo que tenía que dar. Paredes recubiertas de madera forradas con estanterías de libros  y fotos de insignes miembros del Cuerpo. En el medio, una enorme mesa de juntas con espacio por lo menos para 25 personas ocupada por cinco hombres muy serios, muy ceñudos y muy tiesos. Deseché la atractiva idea de repetir el anuncio de Pronto sobre aquella mesa y me obligué a centrarme. Cerré la puerta tras de mí y carraspeé.

-Buenas tardes.- dije.

-Buenas tardes, señor Ibor.- dijo el hombre que presidía la mesa. Parecía que estuviera a un kilómetro de distancia.- Por favor acérquese, tome asiento.

Me señaló una silla junto a uno de los otros oficiales y me senté. El tipo que se había dirigido a mí era un hombre pequeño, macizo, de pelo gris muy corto y rasgos pétreos que no cuadraban nada ni con su voz ni con su mirada, azul, cristalina y brillante, casi jovial.

-Lamento la impresión que le haya podido causar esta sala,- continuó el hombre cortésmente.- pero era la única libre hoy.

-No se preocupe.- musité.- Lau… detective Bejarano me ha dicho que querían hacerme unas preguntas sobre el caso.

-Ah, sí, bueno, nada fuera de lo normal. Esto es pura rutina. Procedimiento básico de seguimiento de un colaborador.- asentí, aunque había algo dentro de toda esa cortesía que no me hacía mucha gracia.- Soy el Comisario Torres. Nos acompañan el subcomisario Ayala, el capitán Aranda, el capitán Tejeda y el inspector González.

-Mucho gusto.

-Bueno, ¿querría tomar algo?

-No quiero parecer grosero, pero no pretendía quedarme mucho, señor comisario.

Torres sonrió.

-Un hombre directo, desde luego.- Torres miró unos papeles.- Bien, supongo que usted sabe el por qué de esta reunión en concreto. La detective Bejarano nos ha informado de que ella misma se lo dejó entender.

-Retrasar el censo o no según el estado de la investigación.- contesté.

-Así es.- Torres respiró hondo.- Es un tema muy feo, como bien sabe. Las razones para no llevarlo a cabo son infinitas, pero, como bien sabe, sólo seguimos órdenes. Así pues, señor Ibor, ¿en qué estado cree usted en el que se encuentra la investigación?

-Que avanza, eso se lo puedo asegurar.- contesté.- Pero a medida que averiguo más cosas, más difícil parece la solución.

-Sí, algo nos ha comentado Bejarano.- asintió Torres.- Algo bastante disparatado, la verdad.

-Señor, todo el asunto de los cambiados es disparatado.- dije encogiéndome de hombros.- Pero una vez tenemos que convivir con ese disparate, lo más inteligente es plantearse lo inimaginable como un nuevo posible. Y ser cautos.

Torres se me quedó mirando un momento. Al final asintió con un gesto de aprobación.

-Sin duda. Entonces, díganos, con sus palabras, ¿qué demonios ocurre?

-¿Conoce la teoría de los vasos comunicantes?- el comisario asintió.- Pues es exactamente eso. Algo o alguien abrió una serie de portales, los altares, para hacer pasar esa energía de otro plano a éste. Esa energía no existía en este plano por lo que al entrar provocó una reacción planetaria ante ella, el Cambio. Esas tuberías de energía siguen canalizando energía de un sitio a otro de manera permanente y… en grandes cantidades.

-¿Hay alguna posibilidad de cerrar esas tuberías?- preguntó el comisario.

-Creo que sí.- dije.- Pero aún es muy pronto para asegurarlo. Sospecho que es algo extremadamente peligroso y complicado.

-El altar de Lavapiés, ¿qué función tuvo en todo esto?

-No lo sé. Sospecho que fue el detonante del aceleramiento de los acontecimientos. Durante un año, tras el cambio, la vida siguió más o menos estable y, de pronto, a partir de julio y agosto, empezaron a ocurrir los casos de cambios involuntarios. Eso no fue casualidad.

-¿Qué cree que ocurrió con el altar?

-Volvió a su plano. El cadáver que tienen es de un hombre de otro plano de realidad. ¿Qué quería conseguir con el ritual que estaba haciendo? Ni idea.

-¿Tiene alguna idea de cómo llegó hasta aquí?

-Señor Comisario, mucho me temo que ese hombre manejara la energía que ha creado a los cambiados como nosotros manejamos la electricidad. Quiso transportarse a este plano adrede, eso lo tengo claro. El proceso que siguió, no puedo saberlo.

-¿Para qué?

-Ésa es una gran pregunta, comisario.

El hombre me miró un momento más.

-¿Sabe qué puede ser el Paragón?

¡Zasca! Ahí, disparando a bocajarro y entre las cejas. En fin, le había dicho a Laura que podía contarles todo, así que traté de no sorprenderme demasiado.

-Sólo algo que ese hombre escribió en el suelo con su sangre y que al  parecer se refiere a cierto objeto parecido, en esencia, a las esculturas que se han encontrado en los altares.- tomé un instante de aliento.- Es una especie de enlace dimensional, pero aún es pronto para concretar.

-No sabe cómo funciona, entonces.

-No es algo especialmente intuitivo, no.- negué.- Sólo sé lo que puede hacer.

-¿Cree que es peligroso?

-Mientras lo tenga a buen recaudo, le aseguro que no.

El Comisario volvió a asentir con una medio sonrisa y, tras juguetear un momento con sus papeles me devolvió su atención en exclusiva.

-¿Qué puede decirme del altar de las alcantarillas del Retiro?

-Que cumplía su función de canalizador de energía con muchísima eficiencia.- La respuesta no parecía satisfacer al comisario que me miraba como diciendo “¿Y qué más?”.- Del verso no sabría decirle con seguridad a qué se refiere. Sólo manejo hipótesis.

-Hipótesis o no, nos gustaría escucharlas.

Respiré hondo. Aquello sí que era meterse en un terreno blandito y pringoso. Nada de lo referente a los versos de los altares tenía mucho sentido en mi cabeza. Quizá alguna idea común, algo que los relacionara, pero nada seguro. “Para eso tendría que ir allí y preguntar yo mismo”, se recordó.

-Sospecho que hablan de la energía que esos altares canalizan entre planos, cómo lo hacen. Pero no creo que podamos interpretar algo así desde aquí, señor comisario. Sea algo poético o religioso, nos falta todo el contexto cultural de ese mundo para poder interpretarlo correctamente.

Torres sonrió.

-Habrá que ir a preguntar, ¿no cree?- creo que palidecí y abrí la boca para protestar, pero el policía se me adelantó.- No haga nada sin consultárnoslo. Este tipo de cosas están fuera de nuestra jurisdicción.

Asentí un tanto aturdido. Me daba la sensación de que aquello había sido una charla para, simplemente, contrastar lo que ya sabían desde mi boca. Exactamente lo que me había dicho Laura. ¿Lo habría explicado mejor que ella?

-Muchísimas gracias, señor Ibor.- dijo el comisario levantándose. Me levanté inmediatamente.- Por favor, mantenga al día a la detective Bejarano y continúe trabajando así. Su investigación está siendo de lo más instructiva.

Alcé imperceptiblemente una ceja y, despidiéndome, salí de aquella sala de juntas. En el pasillo, y con la puerta cerrada a mi espalda, respiré hondo. En seguida apareció Laura.

-¿Qué tal?

-No me han preguntado nada que no supieran.- dije.- Ese comisario tuyo es bastante…

-Calla, idiota.- dijo la mujer con tono tenso.- Las paredes tienen oídos.

-¿Y Azu?

-Esperando. Ven.

Azu esperaba en una especie de sala de café para los agentes. Tenía un vasito de papel entre las manos y soplaba distraída el vapor que salía del envase. Al vernos dejó el vaso en la mesa y esperó a que nos sentáramos con ella.

-¿Qué tal?- preguntó ella.

-Bien… supongo.- Laura musitó un “Joder” casi inaudible.- Qué.

-¿Ha sido amable?- asentí.- Joder.

-Me ofreció algo de beber y todo.

Laura abrió los ojos como  platos.

-Dios, estás jodido.

-¿Qué?- pregunté perplejo.- ¿Por qué?

-No confía en ti.- dijo.- Seguramente te haya plagado la casa de micros y cámaras y haya pinchado tu móvil y tus cuentas de correo. ¿Qué les contaste?

-Pues supongo que lo mismo que tú.

-¿Te preguntó por el Paragón?

-Sí.- dije con tono grave.

-¿Y si podías usarlo?

-Sí, pero le dije que no sabía usarlo, que sólo sabía lo que hacía.- ella asintió.

-Le dije lo mismo.- afirmó.

– Me preguntó si es peligroso y le dije que no mientras lo guardara yo.

Me miró como si fuera medio idiota y meneó la cabeza con un ligero resoplido de incredulidad.

-Pues acabas de confirmar sus sospechas sobre ti, sean cuales sean.

-¿Por qué?- mi voz se había alzado más de lo debido y miré a mi alrededor por si alguien me había oído, pero estábamos solos en la sala de café. Susurré.- ¿Por qué?

-Porque te niegas a entregar una prueba.

-No es una prueba de nada.- dije.- Y no puedo dársela a nadie. Ya lo sabes.

-Sí, pero ese hombre es un paranoico recalcitrante.- dijo ella encogiéndose de hombros.- Todo es una inmensa conspiración.

-Pues que se lo haga mirar, Laura. Él mismo lo ha dicho. Esto queda fuera de su jurisdicción.

-Tú sigue poniendo verde a mi jefe en mi lugar de trabajo.- dijo ella en un susurro que parecía de hielo.- Y veremos quién se va a tener que mirar el qué.

Brinqué del taburete sin desviar la mirada.

-Azu, nos vamos.- Laura frunció los labios contrariada.- Y te recomiendo una tila pata ti y otra para tu jefe.

The Watchers

14 Feb

Es complicado mantenerse al margen cuando se cometen atrocidades día tras día por las que nadie paga ni de las que nadie responde. Gente que hace ilegalidades a manos llenas mientras insisten al resto en la necesidad de tomar decisiones difíciles, o responsabilidades que no les corresponden, o sacrificios que no se merecen. Gente con raseros que no es que sean dobles, sino que a veces son hasta triples o cuádruples o dignos del mejor cuadro de Escher. Gente que sale con la cabeza muy alta a la calle diciendo que no sabe nada de algo obvio porque supone echarse mierda por encima y que, al mismo tiempo, está llevando las riendas de un país. El el caso de que creamos que realmente no lo recuerdan, ¿cómo es posible que sigan en su puesto? Es evidentemente una prueba obvia de ineptitud supina. ¿No te acuerdas? ¿Cómo no puedes acordarte si es algo ILEGAL? Pero claro, la memoria es selectiva cuando estás evitando los proyectiles. Y eso tiene un nombre, “mentira”.

Esta gente que exige constantemente mayores y más duros compromisos a los menos culpables del problema, mienten constantemente para tratar de esconder sus vergüenzas bajo la alfombra, como si no hubiera una legión observando cada uno de sus movimientos. Porque sí, nos hemos metido en este lío, pero no, no va a ser contigo con quien salgamos, parece ser la actitud. Se sabe de sus mentiras, se sabe de sus crímenes, se sabe que no se puede seguir así y se sabe que si se quiere salir constructivamente de este despropósito es a través de una limpia profunda y concienzuda.

Necesitamos que las cárceles se abran de par en par para esta gente. Las cárceles y las cuentas de ingreso de capitales robados. Y que caigan todos de manera ejemplar. Este pillaje ha sido común hasta ahora, pero nunca más, y estas son las consecuencias. Que tiemblen.

Si la confianza en la honradez no es suficiente, el temor de dios es una buena opción. Si erras serás castigado. Tan sencillo como eso y de manera universal e inmediata.

Y siempre, SIEMPRE, bajo la atenta mirada del observador incansable, el escrutinador permanente, el que realmente paga. Y si no es apto para el trabajo, queda despedido.

Eso es democracia.

Los Cambiados – 29

23 Ene

Muy buenas. Ha pasado algún tiempo desde mi última entrada y algo más desde la última actualización de la historia. ¡No pasa nada, que aquí estamos para meterle caña al tema!

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Días de niebla

10 Ene

Toda esta niebla que cubre la ciudad me ha hecho pensar en que el mundo, en general, ha perdido perspectiva. Me refiero a que cuando la niebla no te deja ver más allá de los siguientes 10 metros, tu realidad se reduce a un espacio muy pequeño. Lo que puedes ver por la ventana es mucho más reducido que cuando el aire claro te deja ver en lontananza.

La niebla te obliga a fijarte en los detalles.  Y creo que en general, huímos de los detalles. Son demasiado grandes y están demasiado cerca. Pueden alcanzarte con la mano y darte un bofetón mientras te dicen “Idiota”, sin tener que alzar la voz ni un poquito para que les oigas.

A veces nuestra visión va demasiado lejos. Estamos acostumbrados a que las distancias no signifiquen mucho. O estar cegados por muchas cosas al mismo tiempo. O simplemente vamos como los caballos de tiro, con los ojos tapados sin querer mirar lo que tenemos delante.

Entonces viene la niebla y sólo puedes ver a 10 metros de ti. Los sonidos también se ahogan en el blanco espeso. No hay ecos, no hay rebotes, no hay segundas versiones distorsionadas de las cosas que se dicen. Las palabras dichas parecen tener peso, caer de tus labios como si fueran piedras, o saquitos de arena. Caen y se quedan ahí, acorchados. Son lo que son de manera definitiva, sin dobleces. Y la niebla te impide desviar la mirada porque, total, no ves nada.

Si el mundo se reduce y las palabras refuerzan su peso, el interior de la nube es el espacio más honesto que pueda existir. Por eso da miedo, es lúgubre y tiene esa luz entre mortecina y artificial que genera esa sensación de irrealidad tan peculiar. Deseamos que levante, que aparezca el cielo azul y el sol radiante. “Mañanita de niebla, tarde de paseo”, pero últimamente no. Últimamente la niebla no levanta. Ves, oyes, pero las nubes siguen allí arriba, no muy alto para poder bajar a la mínima de cambio. Vigilan, cuidan que no te confíes y, a la mañana siguiente, allí está de nuevo.

Quizá quiera que reflexionemos. Hemos empezado el año sin intención de remediar los errores pasados y no me extrañaría que la intención última de la niebla es hacernos parar, pensar en lo que tenemos delante y escuchar el peso de nuestras propias palabras.

La niebla es sabia. Por eso da miedo.

Los Cambiados – 28

4 Ene

Y solo porque hoy es hoy y llevamos mucho tiempo de silencio, ¡¡2 capis!! Este es largo y pasan COSAS, así que aquí está.

***

¿No os ha pasado que, de tan concentrados en otra cosa mientras andabais, habéis dejado de ser conscientes del mundo a vuestro alrededor y, en cierto momento, creéis ver algo frente a vosotros con lo que súbitamente os vais a chocar, volvéis al mundo y descubrís que no hay nada? … ¿No? Bueno, entonces soy más raro de lo que pensaba. Ese tipo de cosas me han pasado desde que puedo recordar.

El caso es que en ese momento me pasó. Andaba yo calle abajo pensando en el caso, en Sir Legolas, en los pobres cambiados que estaban sufriendo los efectos del altar número 6 y en qué demonios sería el efecto del altar número 1 cuando me di cuenta de que mi cabeza lo había vuelto a hacer. El mundo se había emborronado a mi alrededor, consciente lo justo como para no chocarme con la gente, cuando de pronto algo apareció frente a mí. Me sobresalté y paré en seco, con la disculpa en la punta de la lengua. Nada. Nadie. Respiré hondo y miré hacia atrás.

-¡Jod…!- mascullé casi saltando de mis propios zapatos.

Di dos pasos hacia atrás, con el corazón en la boca. Sir Legolas estaba ahí mismo, en la acera, con su abrigo de paño caro y su cara indescifrable. Señores, en ese momento se me pusieron de corbata, lo admito, y no eché a correr porque supe que no me iba a ayudar demasiado.

-Señor Ibor.- saludó el hombre con corrección.- Espero que haya reconsiderado su postura.

Me pregunté si en un lugar tan público, en mitad de la calle, se atrevería a hacer algo.

-No. Lo siento.- dije.- Lo que no entiendo, es por qué no ha cumplido su amenaza aún, señor Sin Nombre.

Sir Legolas emitió un sonido que podía haber sido interpretado por una risa ahogada si hubiera podido ver su sonrisa.

-Hoy no le acompaña su amiga, según veo.- dijo.

-¿Era su presencia lo que le ha detenido?

-¿Se sentiría mejor si le dijera que sí?

-¿Es incapaz de dar una respuesta directa a una pregunta?

-¿Y usted de responder con otra cosa que no sea otra pregunta?

Alcé una ceja y asentí.

-Touché.

-Mire, señor Ibor, lo único que quiero es el Paragón.- dijo Sir Legolas mostrando sus manos en inocencia.- No es un objeto que deba estar en sus manos.

-¿Y sí en las suyas?- di un paso hacia adelante.- ¿Fue usted quien trajo esos altares, esas… otras piedras? Sé lo que hace el número 6, caballero. Sé que es la razón de todos estos cambios repentinos.

Sir Legolas guardó un momento de silencio tenso. Respiró hondo y se cuadró de hombros.

-Ya veo…- dijo.- No puedo decir que su actitud me disguste, señor Ibor. Usted, como ya le dije, es un joven prometedor. Pero esto le viene grande.

-Lo sé.- apreté los labios tratando de reunir coraje.- Pero eso no significa que pueda darme la vuelta como si no pasara nada. Esos altares están toqueteando este plano más de lo debido. Están afectando a la gente. Me están afectando a mí. Esto es personal y me importa un bledo si me queda grande o no.

-No puede pararlo, señor Ibor.- dijo Sir Legolas.- Una vez el portal está abierto se produce una cadena de acontecimientos inevitables de los que estos cambios, como los llaman, sólo son el primero estadio.

-¿Y el Paragón ayudaría a cerrarlo?

-En cierto modo.- Sir Legolas miró hacia los lados, inquieto de repente.- Pero lo hecho, hecho está.

-¿Usted podría cerrarlo?

-Si le dijera que sí, ¿me daría el Paragón?

-No.- respiré hondo.- Pero le ayudaría a hacerlo.

-Es usted un loco, joven.- Sir Legolas volvió a mirar a los lados.- Esté donde esté, señor Ibor, guárdelo bien.

Parpadeé y Sir Legolas había desaparecido. Así de sencillo. Ahí estaba yo, parado en mitad de la calle, con el corazón a mil, la boca seca de puro nervio y con las manos en los bolsillos del abrigo, la derecha aferrando fuertemente el dichoso Paragón. Sir Legolas había huido de algo. Reuní las tripas que se me habían ido esparciendo por el suelo durante la conversación y seguí mi camino. A la mierda el informe. Tenía que contarle aquello a Laura a la voz de ya.

-O sea, – dijo la detective poniendo las manos sobre el volante del coche patrulla en el que nos  habíamos metido para hablar en privado.- que estaba justo delante de ti y no sabía que tenías el Paragón encima.

Alrededor del coche se desarrollaba una escena que se estaba convirtiendo en habitual en los últimos días. Un cambiado se había transformado sin previo aviso delante del Planetario. Una mujer con alas de ángel que en pleno pánico había volado hasta la parte de arriba de la cúpula del edificio y que ahora no podía bajar. Los bomberos estaban extendiendo aún las escaleras. Por suerte, esta vez, no había habido ninguna víctima, a parte del susto tremendo de la señora.

-Y puede cerrar… ¿el portal?

-No sé.- dije con sinceridad.- Le hablé de los altares, le acusé de traerlos y dijo que una vez el portal está abierto ya no se puede parar el proceso en cadena.

-No negó que los trajera él.

-Pero tampoco lo afirmó.- miré a la cordobesa con duda.- ¿Crees que ese tío no es de este plano?

-No me digas que no se te ha pasado por la cabeza.- me encogí de hombros.- Sea de donde sea, es mi principal sospechoso por la muerte del tipo aquel del altar número uno.

-No tienes lugar del crimen, Laura, no tienes caso.

-Tengo un cuerpo, informes y testigos que demuestran que el tío que tenemos en la nevera del Anatómico Forense estaba en un altar y, hasta que no se demuestre lo contrario, sí tengo caso.- suspiró.- Digamos que mis superiores me han dado manga ancha con todo esto de los cambiados.

-No me digas más.- dije con una triste sonrisa.- Te sueltan a ti todos los marrones.

-Nadie se quiere hacer cargo.

-Tú tampoco.- Me miró con hastío, pero no dijo nada.- ¿Leíste el informe?

-Es una mierda, Daniel.

-Lo sé.- dije.

-¿Y cómo quieres que presente algo así?

-No lo hagas.- dije.- Es evidente que Sir Legolas no tiene topos en la Policía. Ese tipo juega en una liga muy diferente. Y necesitaremos todo el apoyo institucional que podamos conseguir. No podemos dejar que el censo empiece a remover las cosas generando caos porque sí. Podemos contenerlo.

-¿Crees que podrías cerrar ese portal con el Paragón?

-No lo sé, pero hay que intentarlo.

Laura resopló.

-Por el amor de Dios, Daniel.- dijo.- Hasta hace un rato ni siquiera sabías que existía esa posibilidad. ¿Ahora vas a cerrar un portal inter dimensional que no conoces y no sabes cómo es o cómo funciona? ¿Quién te dice que no acabarás como el tipo sin ojos y sin hígado?

-Ah, Laurita, ¿ahora te preocupas por mí?- abrí la puerta del coche y salí.- Cuéntaselo tú misma a tus jefes. Palabra por palabra. Tienes mi bendición.

-¿Estás seguro?

-Apuesto a que no se van a creer ni la mitad de todas formas.- dije encogiéndome de hombros.- ¿Me vas a necesitar?

Laura miró hacia los bomberos que, más o menos, se habían hecho con la mujer y la bajaban de la cúpula del Planetario con el rostro bañado en lágrimas y al borde de la histeria. Suspiró.

-En esto no. Pero mantente localizable.

Abrí la puerta de mi casa y justo en ese momento Azu se ponía el abrigo con cara llorosa y con cierta expresión de vergüenza cuando me vio entrar por la puerta. Sin decir nada cogió su bolso y se fue. Ella misma cerró con un portazo. Sin habla, miré a Manu que salía por la puerta del salón en ese momento. Le miré pidiendo una explicación y él se limitó a menear la cabeza y hacerme un gesto para que entrara en el salón.

Mi sorpresa no cesó cuando vi a una mujer de mediana edad sentada en mi sofá, muy digna, muy seria y muy triste. Cuando me miró pude reconocer cierto brillo hostil en sus ojos. Carraspeé.

-Ahm…- dije. Francamente, no podía articular palabra. El último minuto había sido totalmente absurdo.- Encantado. Mi nombre es…-Esta es la madre de Azucena, Daniel.- dijo Manu en su voz de padre. Le miré. Aquello era serio.- Ha venido para tratar de convencer a Azucena de que vuelva a su casa.

-Sé muy bien cómo se llama, señor Ibor.- dijo la mujer. Respiré hondo. Una cosa es defender a su hija y otra era ponérseme chulita en mi propia casa.

-Lamento decir que a usted no la conozco de nada, señora.- contesté ante la mirada implacable de Manu y que convenientemente ignoré. La mujer pareció replegarse un poco.

-Mi nombre es Teresa Arribas.- dijo con un tono muy diferente al anterior.- Lamento las molestias que mi hija puede estarle causando.

-No es molestia.- dije.- Pero su hija no está bien.

-No, no lo está.- dijo la mujer desviando la mirada.- Es… complicado.

-Siempre lo es, señora.- dije mirando la maleta de Azucena en la esquina junto a la tele. Suspiré.- Está huyendo de casa, señora Arribas, pero es lo último que quiere.

-¿Le ha dicho algo?- preguntó de pronto alterada.

-No. No nos cuenta demasiado sobre su vida privada. Pero es un libro abierto y se le nota en la cara.- decidí presionar un poco.- ¿Qué ocurre realmente?

La mujer me miró, miró a Manu y luego respiró hondo, como reuniendo fuerzas. Asintió.

-Es por su padre. Y por su hermano.- sacó un pañuelo del bolso y se tocó levemente los ojos.- Tomás, mi hijo, murió el día del cambio. Azucena estaba con él. Fue un accidente. Pero su padre no piensa lo mismo y ella… sospecho que tampoco.

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Mierda… aquello era algo grave de verdad. No sabía nada. Nunca, desde que la conocía, Azu había mencionado algo así. Ahora todo tenía sentido.

-Y usted quiere que vuelva a casa.- asumí.

-Quiero que hablen.- dijo con un leve temblor en su voz.- No quiero que mi familia quede totalmente destruida. No por algo de lo que nadie tiene la culpa.

Pensé en Sir Legolas, en las razones ocultas por las que los altares habían aparecido… el portal que se había abierto desencadenando todo aquello. Sin la entrada de esa energía ajena a este plano, todo seguiría igual, bien ceñidito a las leyes de la física, ordenado y perfecto. Ahora… pasaban cosas como ésa. Le había dicho a Sir Legolas que todo aquello ahora era personal. Por mis muertos que así era. Aun así no vi necesidad en sacar de su error a la madre de mi amiga. Asentí.

-Quizá ahora es un momento complicado para su hija.- dije.- Dele tiempo.

-Pero…- miró la maleta.

-No se preocupe por ella.- intenté sonreír.- Aquí estará bien. Este es mi teléfono.

Le entregué un papel con mi número anotado. La mujer se tomó un momento y al final asintió.

-Muchas gracias, señor Ibor.- cogió su abrigo y su bolso.- Cuide de mi hija, por favor.

Asentí y la despedí. Manu me miraba con el móvil en la mano.

-Azu. – Informó.- Está donde Hipólito.

-Dile que venga.- me pasé una mano por el pelo.- Os tengo que poner al día.

 ***

Tardé relativamente poco. El haberle contado la misma historia a Laura un rato antes había limado la narración a lo más importante, por lo que, un cuarto de hora después los otros dos miembros oficiales de mi equipo ya tenían todos los datos que habían caído en mis manos hasta el momento.

Miré a Azu. Concentrarnos en el caso la había tranquilizado. Al menos no corríamos el riesgo de otro portazo. Por ahora.

-Decidme qué opináis.

-Ese tío no es normal.- dijo Azu.

-Y el Capitán Obvio ha hablado.- dije tratando de hacer una gracia. Nadie rió.

-No es normal de verdad, Dani.- dijo Azu.- Ese tío no es un cambiado. No creo ni que sea de aquí aquí.

-Ya…- asentí.- Laura opina lo mismo.

-Lo que no entiendo es su actitud.- dijo Manu.- Primero va todo hostil y te llama, te amenaza, te ataca en el Retiro alternativo ese… y ahora, ¿qué? ¿No se atreve a tocarte por Azu? ¿Porque tienes el Paragón? ¿No tenía tanta prisa en conseguirlo? Y sobre todo, ¿de qué huía?

-No lo sé.- admití.- Pero creo que Legolas quería poner el Paragón en un sitio seguro y yo lo saqué de ahí. Lo devolví a este plano. Creo que lo quiere para quitarlo del medio.

-Pero dijo que podía cerrar el portal, ¿no?- dijo Azu.- El portal por el que entra toda la energía de los cambiados. Como en el altar seis.

-Sí, pero que lo que hubiera entrado ya no saldría.- la miré para ver su reacción, pero esa muchacha era hermética. Se limitó a hacer un gesto de comprensión.

-¿Y eso qué significa?- preguntó Manu.- ¿Que ya no habría más cambiados? ¿Que no habría más cambios involuntarios?

-Sea como sea, me dio la sensación de que lo que fuera que sea el siguiente estadio de cosas, puede pararse.

-Dijo que él podría, ¿no?- preguntó Azu.

-Lo dijo sólo para ver si le daba el Paragón, pero no. No puede hacerlo. Si pudiera hacerlo no querría simplemente hacerlo desaparecer.

-Pero eso dejaría el portal abierto.- replicó Manu.- Sería como meter la cabeza bajo la almohada y esperar que todo salga bien. Dejar que el proceso en cadena se desarrolle sin contratiempos.

-Hay que cerrar ese portal.- dijo Azu.

-Me alegro de que todos estemos de acuerdo en el objetivo.- dije.- El tema es cómo.

-El tío sin ojos.- dijo Manu de pronto con expresión distante.- Escribió Paragón en el suelo. Quizá… quizá lo que quería hacer era cerrar el portal, ¿no?

-Es posible…- admití.

-Pero no tenía el Paragón físicamente.- dijo Azu.- Sólo lo escribió con su sangre.

-Y su sangre brillaba.- apunté.

Miré a Manu. Mi amigo asintió.

-Ese tío quiso recrear lo que hace el Paragón desde su lado.- dijo. Asentí.- Y lo hizo trayendo el altar número uno en el proceso. ¿Tienes por ahí el poema?

Cogí el móvil donde había apuntado el verso. Cada mes es alabado, doce veces vida, pasto de los dioses sea servido. Lo leí en voz alta un par de veces. Ahora se me hacía más evidente que hablaba de 12 altares, uno por mes. Busqué el verso del altar 6. Umbrías puertas, goznes quebrados, la vida Es y la luz ilumina. Lo leí otras dos veces.

-En los dos hablan de la vida.- dijo Azu.- Debe ser algo importante.

-Ya, pero, ¿a qué llaman vida esta gente?- pregunté.- Piensa que aunque tengan el mismo idioma no tienen por qué tener los mismos esquemas.

Manu negó con la cabeza.

-La lengua dice mucho de la cultura de los pueblos, tío.- cogió la libreta y escribió las frases que me obligó a dictarle de nuevo y las puso en la mesa.- Es muy posible que las mismas palabras tengan los mismos significados, quizá más amplios, pero básicamente los mismos. Esa gente ha vivido cosas muy parecidas a nosotros si tienen la misma lengua. Sólo tratemos de visualizar un mundo como el nuestro en el que esta energía que nos cambió fuera algo normal. Entonces lo veremos desde sus mismos ojos.

-Vale, pensemos…- dije más para animarlos a ellos más que a mí mismo.- Son altares, ¿no? Con ofrendas y tal.

-Cada mes corresponderá a un dios o a un santo o algo así.- dijo Azu.- De hecho nuestros meses tienen nombres de dioses, Enero a Jano, Marzo a Marte… Igual es algo parecido.

-Tiene sentido.- asentí.- Entonces cada piedra, cada altar, tiene una función diferente.

-Cosa que ya sospechábamos.- dijo Manu. Asentí.- Eso cuadraría con lo de “Cada mes es alabado”. Ahora, ¿doce veces vida?

-A mí me mosquea lo de “pasto de los dioses sea servido”.- dijo Azu.- Es como si ese altar, y todos los demás, fuera una especie de receta de comida para dioses.

Me estremecí ante la idea.

-No sé lo que haría el altar número uno, pero el seis era un canal inmenso de energía. Quizá todos esos altares suponen canales de energía desde ese plano a este.

-¿La teoría de “los altares provocaron el cambio” toma fuerza?- preguntó Manu.

-No veo por qué no.- dije.- El primero que se localizó se hizo en junio de este año, pero eso no significa que no haya habido más altares perdidos por ahí. Si es un culto al otro lado, es muy probable que haya tantos altares de esos como iglesias y templos aquí. Pero…

Me detuve. No tenía muy claro cómo formular esa idea.

-No sé, lo del “portal” que dijo Legolas…- dije masticando las palabras.- No sabemos qué fue antes, si el huevo o la gallina.

-¿Crees que el portal trajo los altares?- preguntó Azu.- Que alguien lo abrió y los altares funcionen como simples canalizadores de energía.

-Algo así. O al revés.- me encogí de hombros.- Quién sabe.

-Bueno, tenemos la llave que cierra la compuerta, ¿no?- dijo Manu. Torcí el gesto.- No te veo muy convencido.

-Porque volvemos al punto de partida, tío.- respondí.- ¿Cómo demonios cerramos el portal con el Paragón?

-Antes que eso…- miramos a Azu.- tendremos que localizar el portal, ¿no?

-Algo me dice que no es un sitio físico al uso…- comenté.- Si pudiera hablar con Sir Legolas…

-¿Ahora te vas a fiar de él?- preguntó Manu.- Esta mañana te quería matar y ahora sois súper amigos… ¿o qué?

-No, hombre…- dije.- Ese tío me sigue acojonando todo lo que me acojonaba esta mañana, pero después de lo de esta tarde… tío… No sé. No entiendo lo que hace. No sé si quiere neutralizar el Paragón o utilizarlo para quién sabe qué.

-Sea como sea no se dio cuenta de si lo llevabas.- dijo Azu.- Y te dijo que lo guardaras. Y parecía nervioso, ¿no?

-Sí…

-Entonces es que a él también le están vigilando.- dijo la chica levantándose hacia la cocina. Le vi abrir la nevera mientras seguía hablando.- Si vuestra teoría de que quería esconderlo es correcta lo más seguro es que haya “otros” que lo quieran usar para algo que no le guste. Y, ¿qué sabemos?- la chica volvió con una lata de cerveza para cada uno. Abrió la suya mientras volvía a sentarse en el sofá.- Que mientras lo tienes tú no se está usando ni cae en esas “otras” manos y que a él le vale así mientras la tengas segura.

Manu y yo miramos a Azucena que, tranquilamente, se bebía su cerveza. Manu me miró.

-Pues tiene toda la razón.- afirmó. Azu sonrió con satisfacción.

Respiré hondo, anonadado, y esperé que dijeran algo más. ¿De veras no se daban cuenta?

-Qué tranquilitos os habéis quedado después de llegar a esa conclusión, ¿no?- dije. Fruncieron el ceño confundidos.- ¿Pero no os dais cuenta que ahora no sólo Sir Legolas está detrás del Paragón, sino que “otros” también lo quieren? Y esos otros son lo suficientemente chungos como para asustar a Legolas, chavales.

-Pero él mismo te lo dijo, si lo escondes bien no serán capaces de localizarlo.- dijo Manu.- Y está claro que el método definitivo es que lo lleves encima permanentemente.

-¿Y si esos “otros” han seguido a Sir Legolas? – insistí.- ¿Y si saben que me ha prestado mucha atención últimamente? ¿Y si deducen que igual yo sé dónde está?

-¿Y si ni siquiera se plantean que tú puedas esconderlo?- deijo Azu.- Lo mismo son gente de ese otro plano, Dani. Igual nunca se han visto en otra igual. Creen que pueden localizar el Paragón y como no lo encuentran, saben que Sir Legolas lo ha podido esconder en otro plano alternativo diferente y sin él, no pueden llegar hasta el Paragón.

-Esto son todo suposiciones.- alegué.

-Sí, pero con lógica.- apuntó Manu.- Tú mismo lo dijiste. Ese Retiro nevado era tal y como lo veías tú. Legolas tuvo que ponerse en la misma longitud de onda para localizarte. ¿Y si esos “otros” necesitaran a Sir Legolas para ponerse en su longitud de onda? Hasta donde sabemos esos tíos creen que el Paragón lo tiene Sir Legolas, no tú.

-Exacto.- asintió Azu.- A efectos prácticos tú le estás haciendo el trabajo sucio a ese tío, Dani.

Todo lo que me decían tenía sentido, pero algo en mis tripas me decía que no podía estar tan tranquilo como ellos. ¿Paranoia? Venga, podía ser un poco paranoico, ¿no? Llevaba los últimos días lidiando con cosas que sólo se leen en libros de ciencia ficción o que sólo te planteas en fumadas épicas, pero no como situaciones de vida o muerte a escala universal… en el sentido literal de la palabra. Me froté los ojos con las manos y tomé una decisión.

-Bueno, pues por hoy basta, os lo pido. Tengo hambre. Pidamos un telechino o algo y a dormir. Estoy destrozado.

Los Cambiados – 27

4 Ene

Wolas!!!

Ya hemos vuelto de las frías tierras del norte para traeros un nuevo capítulo de esta NUESTRA historia.

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Los Cambiados – 26

29 Dic

Cierto es que quería haber hecho un especial de Navidad, pero mi falta de tiempo me lo ha impedido. No obstante haré un especial en algún momento futuro, así que wait for it!!

Hoy, antes del capítulo 26, os pondré una canción que me rechifla y que cada vez que la escucho no puedo evitar pensar en esta historia. ^_^ Enjoy!!

***

-¿Y tú no me vas a contar qué pasa en tu casa?- pregunté tras 15 minutos de silencio en el autobús.

Azu me miró un momento y después se volvió hacia la ventana. Aquella mañana de martes era especialmente oscura, con un cielo gris oscuro Mordor Style que prometía unos chuzos que ríete tú de las picas del cuadro de Las Lanzas de Velázquez.

-Llevas dos noches sin pasar por tu casa, Azucena.

Se volvió airada.

-¿Y ahora eres mi padre o algo así? Si no quieres que me quede más en tu casa dímelo que ya me busco la vida.

-No me importa que te quedes en mi casa, pero me preocupas.

Azu amarró velas y se enfurruñó en su asiento.

-Ahora no es buen momento.

-Como veas.- dije. Sonreí.- Pero tendrás que cambiarte de ropa en algún momento, ¿no? Empieza a oler.

Ella sonrió y me pegó en el hombro por la grosería. Respiró hondo, más tranquila.

-Gracias, de todas formas.- dijo fijando la mirada en la ventana, sin mirarme.- No sé qué habría hecho si no os hubiera conocido.

El tono de su voz se había oscurecido. Claramente en su casa lo estaba pasando muy mal. Fuera lo que fuera estaba huyendo de ello y le dolía. Le cogí la mano y se la apreté para darle apoyo. Ella me devolvió una sonrisa triste, como si me pidiera perdón. No podía exigirle más. Al fin y al cabo se había ofrecido a recibir la posible violencia que fuera dirigida hacia mí. Mi deuda ya era inmensa.

Al llegar a la comisaría, nos llevaron directamente al despacho de Laura. En sólo 3 días había estado ya dos veces allí. Corría el riesgo de aprenderme el camino y no era algo que me entusiasmara demasiado. Allí, Laura nos recibió con la frialdad habitual. Lamentaba que su actitud horrible hacia mí se extendiera hacia Azucena también, pero eran seres totalmente incompatibles de todas formas. En realidad Laura era un ser incompatible con la humanidad en cualquier caso. Sin mucha ceremonia nos sentamos y empecé a hablar. Azucena comentó alguna cosa y, más o menos, en unos 10 minutos, ya le habíamos contado todo, teorías absurdas incluidas. Laura se cruzó de brazos al final como pensando en todo lo que le habíamos dicho.

-Vale.- dijo finalmente.- Cuando vayas al otro plano quiero ir contigo.

-¿Qué?- dijimos Azu y yo al mismo tiempo. Seguí hablando yo.- Laura, aún no estoy seguro de si puedo hacerlo yo solo. Llevar equipaje está fuera de toda discusión.

-No creo que tengas elección en esto, Daniel.- dijo la detective encogiéndose de hombros.- Eres un consultor contratado por la policía. No puedes dar un paso sin el agente encargado ni continuar una investigación por tu cuenta sin incluirme a mí, así que el no llevarme sí que está fuera de toda discusión.

-¿Y no crees que otra dimensión está un poco fuera de tu jurisdicción?

-Sea quien sea el que está haciendo aparecer esos altares está generando una serie de problemas aquí que van desde hidras en el Retiro a niñas de 8 años con clavos en las piernas. Y eso sí está dentro de mi jurisdicción.

-Y el terrorismo internacional también afecta a gente que vive aquí y no vas tú personalmente a Afganistán a pegar tiros, por el amor del cielo.- repliqué.- Laura, en el caso hipotético en el que vayamos a alguna parte, se trata de un plano de realidad diferente a este. Con todo lo que conlleva. Otro mundo, otras reglas. La energía que manejan los cambiados, la… magia esta que tienen… tenemos, no es parte de este plano. No se corresponde con ninguna ley física. En esa realidad esto es lo normal.

-¿Adónde quieres llegar?- dijo Laura desafiante.- ¿Crees que no podría defenderme?

-Creo que vas a ir de poli a un sitio donde no saben qué son los policías y que…- me callé a tiempo antes de decir realmente lo que pensaba.- Que no, Laura, que no vienes. Y punto. Ni siquiera sé ir yo, así que esta discusión no tiene ningún sentido.

Laura me miró con furia infernal en la mirada.

-Dilo.- dijo.

-No quieres oírlo.

-Dilo o sales de este caso a la voz de ya.

-Pues que no eres la mejor valija diplomática del universo, Laurita. Tu actitud nos mataría en un entorno hostil en menos de un suspiro. Eres un peligro cada vez que abres la boca y sí, me sentiría más seguro sin ti colgando del hombro, francamente.

Azu suspiró.

-Chicos, ¿no os agota estar siempre así?

Bendita sea esta muchacha. Al menos su interrupción me serviría para calmar el cabreo monumental que esa discusión me estaba levantando. Laura era absolutamente imposible de tratar cuando se pone obtusa.

-Laura, – siguió la chica.- Dani tiene razón. Tienes que cambiar un poco ese rollo hiperagresivo de hembra dominante. De veras. No hace falta. No las 24 horas del día. Relájate, ¿ok? Y Dani, no le sigas el juego. Ella mal, pero tú peor. No os caéis bien y eso lo puedo entender, pero sed un poquito profesionales en esto, ¿vale?

Un poco avergonzado acabé asintiendo. Esperé a ver la reacción de Laura que mantenía una expresión dura e indescifrable. Igual podía haber estado enfadada, que reflexionando, que apretando en un momento de atasco en el váter, la puñetera. Ah… cerré los ojos. Profesionalidad… profesionalidad… Tenía que superar el rebote instantáneo que me producía esa mujer nada más aparecía. Relax…

-Muy bien.- dijo ella al final ante mi sorpresa y alivio. Entonces me miró con una ceja ligeramente levantada en expresión de ligero desprecio.- ¿Tú serías capaz de hacer un informe de todo esto y entregármelo esta tarde?

-¿Un informe? – pregunté perplejo.- ¿Cómo un informe? ¿De lo de las dimensiones, el Paragón y todo eso?

-Sí.

-¡No!

-¿Por qué no?

-Porque Sir Legolas quiere localizarlo y me quiere fuera de juego.- contesté horrorizado.

-¿Y crees que es uno de mis jefes?- preguntó incrédula y vagamente divertida.

-No, pero no sé qué tipo de contactos puede tener en la Policía, Laura. Si esta mañana me ha llamado a mi móvil para amenazarme, ¿crees de verdad que no tiene ojos vigilando mis movimientos? ¿Que no sabe que trabajo para ti? Ese tío es el que estuvimos persiguiendo anoche por las alcantarillas, te recuerdo. El que…

Oh, Dios mío. Ahí estaba. Miré a Azu.

-Fue él.- dije.- Él abre las fisuras entre dimensiones.

-¿Cómo?- dijo la chica.- No tiene el Paragón.

-Ahora no. Pero sí lo tenía en junio. Y ahora… supongo que tendrá sus propios métodos.- miré a la chica y luego a Laura.- Por favor, su rastro nos llevó hasta el altar.

-No.- dijo Azu.- En realidad su rastro seguía por la alcantarilla, pero la pared que… bueno, no era pared, me llamó mucho más la atención.

Me la quedé mirando perpleja.

-O sea, que nos desviamos de nuestro objetivo adrede por… ¿qué?- dijo Laura.- ¿Curiosidad?

Azu se sonrojó y se encogió de hombros avergonzada.

-Bueno, no es que lo que encontramos fuera de poca importancia, precisamente.- apunté defendiéndola.- Pero evidentemente tenemos que volver.

-¿Qué?- estalló espantada Azucena.- Yo no me meto ahí otra vez ni de coña, Dani. No cuentes conmigo.

-Pero…

-Paso.- dijo con firmeza.- Además a estas alturas el rastro habrá desaparecido. Ese tipo de cosas no soportan más de dos amaneceres.

Fruncí el ceño y miré a Laura.

-Si encuentras algo no dudes en decírmelo.-dijo. O sea, que ella tampoco iría. Resoplé.- Tengo cosas más importantes antes que pasarme los días en el colector de Retiro, Daniel.

Me incorporé.

-Muy bien. Haced lo que os dé la gana.- dije mientras cogía la cazadora. Agarré el picaporte y Azu me siguió.- Ah, ¿que al final vienes?

La chica me hizo una mueca de burla por toda respuesta. Antes de cerrar la puerta Laura me volvió a llamar.

-No olvides el informe. A las 6. Envíamelo por mail.- la miré con el ceño fruncido.- Puedes ser discreto en lo que creas que debas serlo, pero no conmigo.

-Sólo una cosa…- dije finalmente.- ¿Para qué es ese informe y por qué tengo que hacerlo yo?

-¿Recuerdas lo del censo?

Alcé las cejas. Con todo aquello de las dimensiones y la Virgen Santa ya se me había olvidado. Asentí.

-¿Es alguna manera de justificar un retraso en la planificación hasta que se solucione esto?- sugerí. Ella asintió. Respiré hondo y asentí a mi vez.- A las 6. Vale. Azu, vámonos.

Los Cambiados – 25

17 Dic

¡Nuevo capi! Y o me pongo las pilas o me pilla el toro, jeje. Bueno, en este capítulo Dani trata de encontrarle sentido a algo con ayuda de sus amigos.

¡Pajas mentales a tutiplén!

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Los Cambiados – 24

12 Dic

Y para que luego no digan que juego con los sentimientos de nadie, hoy pongo dos, ale.

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